25 de febrero de 2009

Apología de un Ministro


Dimite Mariano Fernandez Bermejo y me quedo sin mi ministro favorito. Me da bastante pena, especialmente cuando además de pensar en quién se va, pienso en los que se quedan.

Me gustaba el Sr. Bermejo como ministro por bastantes motivos. El primero, quizá más banal, a priori es por cómo habla. En muchas ocasiones me parece que los políticos no dominan el lenguaje, y se pierden en busca de filigranas retóricas que únicamente esconden muletillas aprendidas, de las que abusan en un intento de aparentar lo que no son. El Sr. Bermejo sin embargo, me suele dar la impresión de utilizar la palabra con precisión, escogiéndola de entre el diccionario con seguridad y, cuando resulta necesario, con mordacidad.

Más allá de esto, que puede sonar a pura anécdota, creía entrever en ello un signo de cualificación para el puesto, o siquiera un índice de inteligencia, cualidad que tristemente no consigo encontrar en otros de los que han ostentado cargos ministeriales, sin que resulte necesario dar nombres, que cada uno tiene a sus favoritos.

No recuerdo haber tenido antes un ministro favorito, y apenas un político que me resultase interesante (acaso Rosa Díez en las últimas elecciones, como mención más digna), y el hecho de que este me gustase creo que procede de su (relativamente) escaso interés por lo "políticamente correcto", guardando una ironía, a mi gusto, deliciosa, y una valentía digna de elogio.

Sin embargo, creo que son precisamente las virtudes que acabo de comentar las que han acabado fomentando su dimisión. Y es que enfrentarse con el sistema judicial, a quien en este blog ya se ha recriminado su flema y sus injustificadas prerrogativas, tiene su precio cuando se hace en solitario, entre un equipo de chaqueteros.

Porque, Ah amigo!, con la Iglesia hemos topado, o casi. Porque primero los funcionarios de justicia y después los mismísimos jueces, se declararon en huelga para exigir las prebendas que en esta legislatura el Ministro de turno se atrevía a discutirles.

El Sr. Bermejo se vió presionado para hacer concesiones en la primera, ya que era época electoral y el escándalo necesitaba ser evitado. En cuanto a la segunda, como él se cansó de repetir, no procede una huelga de jueces, por resultar más parecido a un chantaje, y ser además una traición a las funciones que les encomendamos los ciudadanos, y además es paradójico que sea este el sector de la sociedad que se vaya a la huelga en el momento en el que estamos. Miró a su alrededor y comprobó que estaba sólo en sus convicciones, así que sólo hizo falta un empujoncito de la maniobra de desvío de atención del PP para que cediera y abandonara el barco.

Respeto y lamento su decisión y, como dije, más lamento que siempre se vayan los buenos.




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