Leído en Glocalia.com
“Una multa ridícula”
"A todas luces, gracias a la benevolencia del CSN, a Ascó I le va a salir más barato pagar una multa ridícula por haber ocultado conscientemente el escape radiactivo durante meses mientras mantenía la central en marcha, que haberse comportado responsablemente y haber parado la central cuando se produjo la contaminación del sistema de ventilación a finales de noviembre de 2007", ha declarado Carlos Bravo, responsable de la campaña Nuclear de Greenpeace.
Ante la operación irresponsable de Ascó I por parte de la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós (ANAV), Greenpeace exige al CSN y al Gobierno que retire la licencia de explotación a ANAV y suspenda cautelarmente la actividad de estas centrales nucleares.
En 2005, otro grave suceso en la central Vandellós II, también gestionada por ANAV, supuso otro Nivel 2 en la INES. Ese suceso, que fue calificado por el CSN como "el más grave después del accidente de Vandellós I en 1989", también fue ocultado por ANAV durante meses. El CSN reconoció, en una investigación parlamentaria, que en el caso citado de Vandellós II, ANAV priorizó sus intereses económicos a la seguridad y mantuvo esa central funcionando en condiciones de "seguridad degradada".
“A pesar del escándalo social y político que ello supuso, ANAV no aprendió ninguna lección y siguió operando de forma irresponsable sus centrales, como ha demostrado el escape radiactivo de Ascó I. Al igual que entonces, el CSN y el Gobierno siguen actuando de forma permisiva con las centrales nucleares”, finaliza Greenpeace. (Redacción)"
"A todas luces, gracias a la benevolencia del CSN, a Ascó I le va a salir más barato pagar una multa ridícula por haber ocultado conscientemente el escape radiactivo durante meses mientras mantenía la central en marcha, que haberse comportado responsablemente y haber parado la central cuando se produjo la contaminación del sistema de ventilación a finales de noviembre de 2007", ha declarado Carlos Bravo, responsable de la campaña Nuclear de Greenpeace.
Ante la operación irresponsable de Ascó I por parte de la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós (ANAV), Greenpeace exige al CSN y al Gobierno que retire la licencia de explotación a ANAV y suspenda cautelarmente la actividad de estas centrales nucleares.
En 2005, otro grave suceso en la central Vandellós II, también gestionada por ANAV, supuso otro Nivel 2 en la INES. Ese suceso, que fue calificado por el CSN como "el más grave después del accidente de Vandellós I en 1989", también fue ocultado por ANAV durante meses. El CSN reconoció, en una investigación parlamentaria, que en el caso citado de Vandellós II, ANAV priorizó sus intereses económicos a la seguridad y mantuvo esa central funcionando en condiciones de "seguridad degradada".
“A pesar del escándalo social y político que ello supuso, ANAV no aprendió ninguna lección y siguió operando de forma irresponsable sus centrales, como ha demostrado el escape radiactivo de Ascó I. Al igual que entonces, el CSN y el Gobierno siguen actuando de forma permisiva con las centrales nucleares”, finaliza Greenpeace. (Redacción)"
Cuando leo estas noticias me vienen a la cabeza varias reflexiones:
En primer lugar, reconozco en mi falta de perspectiva para valorar la sanción. Cuando esta mañana hojeé el periódico, y vi que a los gestores de la central se les ponía una multa de 22,5 millones de euros ("multa récord", decían), pensé que les habían dado su merecido a tamaños inconscientes. Luego, uno lee la perspectiva de Greenpeace y recuerda libros como El Ecologista Escéptico o Un Matemático Lee el Periódico, que cuentan cómo un dato suelto sin más referencias es muy poco dato, comprobando cómo la magnitud de la sanción, pese a la primera impresión, podría haberse quedado corta.
Confirmo por otra parte mi impresión de permisividad del estado (de cualquier estado, creo) y de que la sanción sí compensa. Y me pregunto si la solución sería subir su cuantía.
Sin embargo, creo que el problema no está ahí, sino en la convicción (en algunos más que en otros) de que el error está en que te atrapen, y no en atentar contra una ley. Nuestros límites deberían estar en nuestra ética, y no en las obligaciones que dispone el Estado. Qué pocas veces, en estos casos, se atiene uno a la ética o espíritu de las leyes, en lugar de a su contenido (o ni a eso). Si la ética de las personas les permite incumplir leyes, y si sus leyes no se hacen imponer, algo huele a podrido nuestro futuro.


