20 de octubre de 2008

El Dilema del Prisionero

Hace tiempo leí un articulillo sobre lo que se conoce como "Teoría de Juegos", apartado de las matemáticas en el que se estudia el proceso de toma de decisiones en situaciones concretas para realizar previsiones de comportamiento y analizar la opción óptima.

Este es un ejemplo de situación, conocida como el Dilema del Prisionero:

El supuesto describe la situación de dos sospechosos de un crimen que han sido arrestados por la policía. En el interrogatorio policial, a los dos sospechosos se les exponen sus alternativas: Si los dos confiesan, cada uno será sentenciado a tres años de prisión. Si sólo uno de ellos confiesa, éste quedará libre de pena por testificar contra el otro, y el otro cumplirá diez años de pena. Si ninguno confiesa, los dos serán condenados por un delito menor, y deberán cumplir una pena de sólo un año de prisión.

La previsión que realiza la teoría de juegos sobre la anterior situación es la siguiente: Si el primer sospechoso confiesa, el segundo preferirá también confesar, para reducir su pena de 10 a 3 años. Si el primer sospechoso no confiesa, el segundo seguirá prefiriendo confesar, porque así evitaría la pena de un año, y saldría liberado. Entonces, el segundo sospechoso va a confesar siempre.

Del mismo modo, el primer sospechoso va a confesar siempre, sin importarle lo que haga el segundo.

El resultado, ambos sospechosos obtendrán tres años de pena.

Sin embargo, aunque este es el resultado evidente del análisis de la situación, a nadie se le escapa que existe una solución mucho menos grave para los sospechosos, que habría sido no confesar ninguno de los dos. Es decir, si tomamos la suma de las penas, no desde una perspectiva personal de cada uno de los sospechosos, sino en su conjunto, vemos como el actuar de un modo diferente uno de otro supone 10 años de condena. El actuar de modo conjunto, confesando ambos, supone 6 años de condena, y el actuar conjuntamente sin confesar, supone 2 años de condena.

En el Instituto de Las Llamas, en Santander, tuve un profesor de ciencias naturales, Fernando Fernández Tejero, que nos hizo entender el funcionamiento de esta teoría en el marco de los compromisos internacionales de reducción de contaminación. Nos planteó un juego en el que grupos de clase representaban países, que se unían en convención para ponerse de acuerdo en cuanto a la política de emisión de gases. Acto seguido cada país se reunía y decidía si cumplía lo que había prometido. El avance era medio en el caso de que todos decidieran contaminar poco, y lo cumplieran. Pero aquel que decidía incumplir, se ganaba un avance elevado, y hacía dejar de avanzar al resto.

En todo el desarrollo de la partida, en ninguna ocasión hubo un pacto que se cumpliese por todos los grupos, puesto que no existía sanción por incumplimiento, de modo que fueron los más incumplidores los que más beneficios obtuvieron al final de la partida.

Este es sólo un ejemplo, un teorema, pero tiene muchísimas situaciones prácticas en las que aplicarse. En wikipedia se mencionan ejemplos de la vida real como una carrera armamentística, en la que hubiera que ponerse de acuerdo para reducir el gasto militar, y en la que uno de ellos saldría muy perjudicado de cumplir el acuerdo si el otro no lo hiciera, mientras que el otro sale beneficiado. El cumplimiento del protocolo de Kioto es otro de los ejemplos en los que podría aplicarse esta teoría. También en el sistema impositivo de un país. Si todo el mundo pagase sus impuestos, estos serían menores para todos, y nadie sacaría una ventaja extra por ser incumplidor. Supongo que el fracaso del comunismo guarda también relación con este tema.

Son todas ellas situaciones en las que la mejor opción para todo el conjunto es diferente de la mejor solución para cada uno de los participantes. Lo más curioso de estos juegos es que, aunque existiera una gran mayoría de participantes que optase por la búsqueda del equilibrio eficiente, basta con que una minúscula minoría opte por su beneficio individual para romper este equilibrio de modo definitivo.

Creo que uno de los motivos principales por los que un participante opta por su beneficio individual antes de por la estrategia más eficiente para todos es la desconfianza que cada uno tiene en que el resto vaya a cumplir con la misma estrategia óptima. La mentalidad es algo así como "antes de que alguien me la juegue, se la juego yo". Y con eso, todos los participantes están fastidiados. Como se diría en la Biblia, pagan justos por pecadores. Y, la suma absoluta de rendimiento es menor, aunque mucho mayor para el que ha escogido jugársela al resto.

Kant, con su imperativo categórico , expuso a la perfección el sistema por el que debía moverse la ética de cada persona. Es un sistema en el que se pide que uno mismo se abstraiga de su individualidad, y se contemple a sí mismo como un individuo en sociedad. Propone que la pregunta que se haga cada uno a la hora de decidir cómo actuar sea algo así como "¿Cuál debería ser la opción de todo el mundo ante esta situación?". No cuál es la que más me conviene, sino cuál conviene para hacer funcionar de modo óptimo a la sociedad. La quiebra del imperativo categórico es la quiebra de la eficiencia en la teoría de juegos, y la quiebra del potencial de evolución de toda nuestra sociedad.

Y con esto, la evolución del mundo está lastrada por esta desconfianza que hace que las personas prescindan del bien común para optar por el bien individual.

A veces imagino una sociedad tan evolucionada (o tan sencilla) que tuviese perfectamente asumido el imperativo categórico, y la opción de la eficiencia en teoría de juegos, tanto en la legislación estatal como en la ética de cada ciudadano. Las hormigas y las abejas lo hacen, si bien de un modo no consciente, por lo que no les atribuiré mayor mérito.

Una sociedad actuase de un modo coordinado, prescindiendo de intereses individuales, tendría que estar plena y totalmente integrada por individuos que fuesen capaces de apreciar la belleza de formar parte del proyecto, que se viesen recompensados por el reconocimiento del honor que supone tener una ética perfecta, y que esa recompensa les reportase más que los beneficios del incumplimiento.

Pero el honor, la honra y la ética, parecen harto devaluados en las fechas en las que vivimos.

Podría pensarse en a alternativa con la que venimos funcionando cuando falta concienciación social, que es la legislación. Pasaría por imponer unas penas tan grandes que consiguieran disuadir a las personas de actuar de modo "antisocial". No obstante, las sanciones existen ya, y su efecto disuasorio alcanza siempre un límte de actuación que dista del 100% de la población.

La conclusión, para no alargar más el artículo, es simple: Estamos aviados. Qué rabia.

2 Comentarios al Respecto:

Marga dijo...

He leído el artículo completo y me gusta bastante, especialmente la comparativa con la perspectiva filosófica de Kant, uno de mis favoritos.

Yo concluiría resumiendo al egoísmo como motor central e indiscutible de la sociedad actual (de su gran mayoría), como su principal lacra y causa del Fracaso; de cualquier fracaso: económico, medioambiental,ético, guerras...Lo que se asimilaría al indivualismo del que hablas, pero dándole las connotaciones negativas que tiene inherentes. Porque un detenido confiesa sólo para salvarse a él mismo, veáse ahí la individualidad, y sin pensar en las consecuencias sobre su compinche e incluso, a veces,no importándole éstas, momento en el que resurge el egoísmo.
Nadie actúa queriéndo perjudicar a terceros, pero solo contempla las consecuencias sobre si mísmo. Este individualismo no es más que el egoísmo nombrado de otro modo por una sociedad permisiva y egoísta.

Por otra parte tengo una duda, quizás un poco tonta, pero no he entendido bien a que te refieres con que "estamos aviados"¿?

Thomassius dijo...

Jaja!

Es lo que pretendía decir.

Estamos aviados lo digo porque no veo yo que tenga solución la cosa, ya que por mucho que avancemos, nunca llegaremos al compromiso pleno de toda la sociedad, que no para de crecer. Y cuantos más seamos, mayor es la entropía.

Si ni siquiera conseguimos guardar una cola de modo ordenado en el supermercado!